Tecontamos || La prostitución no puede seguir siendo normalizada ni tratada como “trabajo” cuando detrás existen estructuras de violencia, explotación y vulneración de derechos.
Esta sentencia marca un precedente importante: reconocer la prostitución como un delito sexual es también reconocer las heridas históricas, sociales y económicas que atraviesan principalmente a mujeres, niñas y cuerpos racializados.
Hoy más que nunca debemos abrir el debate, cuestionar lo que el sistema ha querido romantizar y exigir garantías reales de protección, justicia y reparación.
La dignidad no se compra.
Los cuerpos no son mercancía.




