La conmemoración del Día Internacional del Orgullo LGBTIQ+ (28 de junio) ha estado marcada históricamente por una narrativa hegemónica que tiende a blanquear, mercantilizar y urbanizar las disidencias sexuales. Este fenómeno de borramiento invisibiliza sistemáticamente que las raíces de esta movilización global fueron sembradas por cuerpos racializados, empobrecidos y transgresores que plantaron cara a la brutalidad policial y al abandono del Estado. Para el pueblo negro, la defensa de la orientación sexual y la identidad de género diversa no es una agenda aislada, sino una extensión directa de la lucha histórica contra el racismo estructural, el despojo territorial y la exclusión social.
Revisitar el orgullo desde el pensamiento afro afrodiaspórico y decolonial es indispensable para devolverle su carácter subversivo, comunitario y transformador.
1. Ochy Curiel: El desmontaje del régimen heterosexual colonial
La activista, teórica y antropóloga lesbofeminista dominicana Ochy Curiel aporta una de las críticas más agudas al activismo de la diversidad sexual corporativa a través de su obra de referencia La Nación Heterosexual: Análisis del discurso jurídico y el régimen heterosexual desde la antropología de la dominación.
- Crítica al orgullo de mercado: Curiel denuncia la globalización y mercantilización del «orgullo» a través de estrategias de pinkwashing (lavado rosa), las cuales promueven un sujeto gay universal, blanco, urbano y de clase media. Este modelo asimilacionista e institucional borra por completo las realidades materiales, económicas y de opresión que sufren las personas racializadas en el Sur Global.
- La heterosexualidad como matriz colonial: Su tesis central demuestra que la heterosexualidad no debe entenderse simplemente como una orientación o preferencia sexual, sino como un régimen político, económico y social implantado desde la colonización para estructurar la división del trabajo, el control de los cuerpos, la propiedad privada y la dominación de castas raciales. Por tanto, la liberación de los pueblos negros e indígenas no puede reducirse a demandas de inclusión ciudadana o matrimonio igualitario dentro del Estado colonial, sino que exige el desmantelamiento total de dicho régimen.
- El cuerpo como primer territorio: Vinculada al pensamiento decolonial latinoamericano y a los espacios de articulación como el Grupo de Trabajo de CLACSO, Curiel sostiene que el cuerpo es el primer territorio de soberanía. En consecuencia, celebrar la liberación de los cuerpos en nuestra región implica necesariamente defender la tierra ancestral, resistir al extractivismo y recuperar la memoria de las ancestras que sostuvieron las bases de la pervivencia étnica.
2. James Baldwin: Honestidad radical frente a la «casa en llamas»
Desde el contexto norteamericano, el escritor y pensador afroamericano James Baldwin aportó herramientas analíticas invaluables en ensayos fundamentales como The Fire Next Time (La próxima vez el fuego, 1963).
- Rechazo a la respetabilidad burguesa: Baldwin impugnó firmemente la idea de que la liberación de los sujetos negros y diversos dependiera de su asimilación o aceptación dentro de las estructuras blancas e institucionales. Bajo su célebre premisa de que no tenía sentido buscar la integración en una «casa en llamas», Baldwin demostró que adoptar las normas de respetabilidad burguesa del opresor constituía una forma de sumisión y renuncia a la libertad intelectual y política.
- La verdad como trinchera: El pensamiento de Baldwin sitúa a la honestidad radical como el principal mecanismo de resistencia frente a la dominación colonial. El racismo y la homofobia estructurales se sostienen sobre mitos fundacionales e inocencias inventadas por las clases dominantes; resquebrajar esos mitos mediante la agudeza intelectual y la palabra sin concesiones es un imperativo ético para las comunidades oprimidas.
3. Marsha P. Johnson y Sylvia Rivera: La teorización desde el asfalto
La genealogía del orgullo moderno no se explica sin la práctica política callejera de Marsha P. Johnson y Sylvia Rivera, cuya máxima expresión organizativa quedó plasmada en el histórico Street Transvestite Action Revolutionaries (S.T.A.R.) Manifesto de 1970.
- Demandas revolucionarias: Fuertemente influenciado por los métodos organizativos de las Panteras Negras y los Young Lords, el manifiesto de S.T.A.R. articuló demandas que vinculaban la autodeterminación corporal con la justicia social generalizada. Entre sus puntos exigían el fin del acoso policial contra las «reinas de la calle» (street queens) y las personas trans, el cese de la explotación económica de estos sectores dentro del propio movimiento homosexual blanco y acomodado, y el acceso gratuito a alimentación, salud, educación y vivienda para las comunidades marginadas.
- Redes de cuidado mutuo: El legado afrodiaspórico de Johnson demostró que la calle constituye un espacio legítimo de teorización política. Ante el abandono estatal, el orgullo se tradujo en la creación de comunas de supervivencia y redes de cuidado colectivo, desplazando la noción del orgullo como un triunfo puramente individualista hacia una práctica de resistencia comunitaria y defensa de la vida en condiciones de extrema vulnerabilidad.
4. Contexto local: El orgullo popular y la defensa del Oriente de Cali

Estas reflexiones teóricas encuentran un correlato directo y urgente en los territorios del Pacífico colombiano y sus principales centros urbanos receptores. Un ejemplo concreto de esta disputa política y territorial se evidencia en el accionar de organizaciones comunitarias como la Fundación Matamba en Cali.
De acuerdo con sus pronunciamientos públicos, con motivo del desarrollo de la XX Marcha LGBTIQ+ de Cali 2026, cuyo trazado histórico fue proyectado desde el Diamante de Sóftbol hasta el Bulevar del Oriente, surgieron discursos de rechazo que pretendieron estigmatizar geográficamente la zona. La Fundación Matamba expuso de manera categórica que los cuestionamientos basados en supuestos riesgos de seguridad o dificultades de movilidad escondían un trasfondo racista, clasista y segregador que busca recluir las expresiones culturales y de diversidad únicamente en los sectores tradicionalmente privilegiados de la ciudad.
Descentralizar la movilización y movilizarse hacia el Oriente de Cali representa un acto de justicia espacial y visibilización étnica. Como bien lo establece la organización en sus documentos, el Oriente es un territorio habitado por familias trabajadoras, comunidades afrodescendientes, juventudes y liderazgos sociales diversos cuyas vidas reclaman dignidad, reconocimiento y respeto. La consigna es clara y contundente: «No solo marchamos hacia el oriente: marchamos con el oriente… El orgullo también nace, vive, resiste y marcha en este territorio».
Conclusión: Una revolución entre todas, todos y todes
La lucha del pueblo negro por su autonomía, la titulación de sus tierras ancestrales y la garantía de sus derechos fundamentales bajo el marco de la Ley 70 de 1993 exige comprender que las comunidades no son homogéneas. En el seno de los Consejos Comunitarios, de las organizaciones de base y de las periferias urbanas, las identidades diversas sostienen diariamente los procesos de resistencia, cuidado de la vida y tejido social.
La construcción de una paz real, la transformación de las estructuras coloniales y la revolución social en nuestros territorios serán con todas, todos y todes, o no serán. La justicia étnica y territorial será plena únicamente cuando cada cuerpo diverso de la diáspora africana pueda habitar el territorio sin miedo, con dignidad, alegría y absoluta libertad.




