Cada 24 de enero, el Día Mundial de la Cultura Africana y de las Personas Afrodescendientes nos invita a reconocer la fuerza creativa, histórica y contemporánea de África y de sus diásporas en todo el planeta. No se trata solo de una fecha conmemorativa. Es un llamado a valorar una fuente viva del patrimonio cultural compartido, a defender el respeto por la diversidad cultural y a afirmar la cultura como un camino real para el desarrollo sostenible, el diálogo y la paz.


Esta jornada fue adoptada por la UNESCO en 2019, durante la 40ª sesión de su Conferencia General. La fecha no es casual. Coincide con la adopción de la Carta para el Renacimiento Cultural de África en 2006 por parte de la Unión Africana. Con ello, el 24 de enero también busca impulsar la ratificación y aplicación amplia de esa Carta en los Estados africanos, fortaleciendo el papel de la cultura como base de paz y transformación social en el continente.
Por qué importa una fecha mundial dedicada a estas culturas
Hablar de culturas africanas y afrodescendientes es hablar de pluralidad. Lenguajes, memorias, espiritualidades, estéticas, formas de organización comunitaria, músicas, danzas, cocinas, conocimientos sobre territorio y cuidado, expresiones artísticas contemporáneas y tradiciones que siguen reinventándose. Ese tejido cultural ha sostenido identidades y resistencias incluso en los escenarios más violentos de la historia moderna, como la trata transatlántica, la esclavitud y las múltiples formas de exclusión que se arrastran hasta hoy.
Por eso, la conmemoración no solo rinde homenaje. También confronta una realidad persistente: en muchos países, las personas afrodescendientes siguen siendo invisibilizadas, subrepresentadas o directamente excluidas de oportunidades, reconocimiento y participación. Promover la cultura es, en este contexto, promover dignidad, representación y condiciones para una ciudadanía plena.

Cultura viva y patrimonio inmaterial: salvaguardar lo que se transmite
Una idea central en la visión de la UNESCO es la protección del patrimonio cultural inmaterial, es decir, las prácticas y conocimientos vivos que las comunidades mantienen, transforman y transmiten de generación en generación. La Convención de 2003 para la Salvaguardia del Patrimonio Cultural Inmaterial ofrece una plataforma para cooperación internacional, sensibilización y asistencia, con un enfoque claro: el patrimonio vivo es un vector para el desarrollo sostenible, el diálogo y la paz.
Dar visibilidad internacional a este patrimonio no es un gesto simbólico. Es una medida de salvaguardia que ayuda a sostener la vitalidad cultural, fortalece su transmisión a futuras generaciones e incorpora las experiencias y necesidades de las comunidades en decisiones que las afectan. Cuando las comunidades participan en los procesos de reconocimiento y protección, no solo se protege una expresión cultural, también se protege el derecho a existir con voz propia.
América del Sur y las Américas: una presencia demográfica y cultural decisiva
Las Américas concentran una de las mayores presencias afrodescendientes del mundo. En América del Sur, se señala que las personas afrodescendientes representan aproximadamente el 30 por ciento de la población total de la región, y se estima que en las Américas viven alrededor de 200 millones de personas que se identifican como afrodescendientes. En términos sociales, culturales y económicos, se trata de una población clave para el presente y el futuro del continente.
Esa presencia se expresa en tradiciones culturales que han nutrido la identidad regional. Manifestaciones como el círculo de la capoeira o la música de marimba han sido reconocidas como patrimonio cultural inmaterial por la UNESCO, y conviven con cientos de expresiones locales que sostienen la vida comunitaria en barrios, territorios rurales, costas, riberas y ciudades. Sin embargo, esa riqueza convive con desigualdades estructurales y con prácticas de discriminación racial que siguen restringiendo el acceso a derechos, a recursos y a escenarios de representación.
MERCOSUR: institucionalidad regional para la igualdad racial
En el ámbito del MERCOSUR, se han impulsado espacios y acciones orientadas a promover derechos y combatir el racismo. En 2015, el Consejo del Mercado Común creó la Reunión de Ministros y Altas Autoridades sobre los Derechos de los Afrodescendientes, conocida como RAFRO. Este espacio, promovido desde instancias regionales de derechos humanos, tiene como propósito asesorar y proponer políticas, medidas y acciones para la promoción de la igualdad racial y la lucha contra el racismo.
Una de sus funciones es coordinar discusiones e iniciativas que beneficien a las poblaciones afrodescendientes de los Estados Parte, y promover su inclusión en procesos de transformación económica, política, social y cultural como actores fundamentales para el desarrollo regional. La cultura aparece aquí no solo como celebración, sino como un eje estratégico para la inclusión y la justicia.
Acciones recientes de promoción cultural y formación antirracista
Desde el Instituto de Políticas Públicas en Derechos Humanos del MERCOSUR, se han desarrollado iniciativas que conectan cultura, derechos y participación social. En 2019, junto a la OEA, se impulsó un concurso y una exhibición fotográfica 360 disponible en YouTube titulada “Afrodescendientes en las Américas”, ampliando formatos de visibilidad cultural y memoria en entornos digitales.
En 2021, por mandato de la RAFRO, se realizó la décima consulta pública del Foro de Participación Social sobre políticas públicas para afrodescendientes, centrada en la evaluación de medio término del Decenio Internacional de las Personas Afrodescendientes y su proyección, con la presentación de propuestas de organizaciones de la sociedad civil. En 2023, se organizó la muestra fotográfica “CASA”, en articulación con la Defensoría Pública de la Unión de Brasil, reuniendo miradas de mujeres refugiadas en Brasil y referentes de cultura quilombola.
A partir de 2024, la promoción de la cultura afrodescendiente y el combate a la discriminación racial se consolidaron como ejes prioritarios del plan de trabajo, incluyendo campañas contra racismo y xenofobia en el fútbol en articulación con CONMEBOL y Paraguay. También se han realizado charlas de formación antirracista dirigidas a equipos institucionales, con enfoque en valorar aportes afrodescendientes al desarrollo político, económico, social y cultural, y en identificar y combatir prácticas racistas vigentes.

Más que homenaje: cultura, paz y desarrollo sostenible
En el espíritu de esta fecha, la cultura se entiende como un componente estructural del desarrollo sostenible y de la construcción de paz. No es un adorno de la vida pública. Es un campo de sentido que define pertenencias, crea vínculos, organiza memorias y abre posibilidades de futuro. Cuando se protege el patrimonio vivo, se protege también la capacidad de una comunidad de narrarse a sí misma, decidir sobre su presente y transmitir su legado sin miedo, sin negación y sin borramiento.
Conmemorar el Día Mundial de la Cultura Africana y de las Personas Afrodescendientes es reconocer la riqueza cultural, pero también asumir una responsabilidad: ampliar la participación, fortalecer políticas públicas con enfoque antirracista y crear condiciones para que estas culturas sean visibles, respetadas y celebradas todos los días, no solo una vez al año.
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