Las obras volvieron al Museo Nacional. El debate sobre la memoria étnica sigue abierto

octubre 31, 2026

Entre el 29 y el 30 de octubre de 2026 volvieron a sus salas las piezas que el Gobierno había descolgado del Museo Nacional de Colombia, aunque no regresaron porque alguien en el museo lo decidiera con criterios curatoriales, sino porque un juez lo ordenó.

Ese regreso deja sobre la mesa una pregunta que va mucho más allá de unas cuantas obras y que vale la pena hacerse en voz alta, ¿quién decide qué memoria merece estar en la casa de todos los colombianos? Para intentar responderla conviene mirar lo que pasó con las piezas, el lugar que ocupan los pueblos negros e indígenas dentro del museo y el camino que abrió Liliana Angulo Cortés, la primera mujer afrocolombiana en dirigirlo.

Todo empezó el 15 de octubre, cuando por instrucción presidencial se retiraron 63 elementos de cinco salas del museo. Trece días después, el Juzgado 24 de Familia de Bogotá le dio al Gobierno 48 horas para devolverlos, porque no encontró ni un acta del Comité de Gestión Patrimonial ni un concepto curatorial que respaldara el retiro, y de paso recordó que la ideología de quien gobierna no es razón suficiente para sacar contenidos de un museo público.

Es cierto que la mayoría de las piezas retiradas hablaban de paz, de feminismo y de diversidad sexual, pero eso no deja por fuera de la discusión la memoria de los pueblos negros e indígenas. La sala Fuerza, Fe y Sustancia, que el museo construyó de la mano de líderes espirituales y comunidades de distintas tradiciones del país, todavía sigue cerrada.

Y lo que más preocupa viene después, porque la ministra de Cultura anunció que revisará la museografía y la curaduría de todos los museos que dependen del Gobierno, una revisión que podría terminar alcanzando el trabajo que el museo venía haciendo con comunidades negras e indígenas en los últimos años.

El camino que abrió Liliana Angulo

Liliana Angulo Cortés llegó a la dirección el 31 de marzo de 2024 y con ella, por primera vez, una mujer afrocolombiana quedó al frente de uno de los museos más antiguos del continente. No llegó de paso, porque como artista y curadora llevaba años preguntándose de qué manera los museos habían mostrado al pueblo negro y, muchas veces, cómo lo habían borrado.

Desde la dirección impulsó el proyecto Museo Afro de Colombia y el Laboratorio de Reparación y Antirracismo, con una idea que atravesaba todo su trabajo, la de construir con las comunidades y no solamente hablar sobre ellas. Murió el 21 de febrero de 2026 y desde entonces el museo sigue sin un director en propiedad, justo cuando más lo necesita.

El Gobierno presenta el retiro como una lucha contra el adoctrinamiento y a favor de una cultura que represente a toda la nación, mientras que quienes se oponen, entre ellos varios museos del país y cientos de personas que salieron a protestar frente a la sede, lo ven como una forma de censurar la memoria.

Reivindicar a Liliana Angulo también es un acto político y no tiene sentido esconderlo, porque todo museo nacional cuenta un relato de país. La verdadera discusión está en quién lo cuenta y bajo qué reglas, y en eso su trabajo y el fallo del juez terminan diciendo lo mismo, que las decisiones sobre la memoria deben tomarse con las comunidades y con criterios técnicos, y no por orden del gobierno de turno.

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