Cada 20 de julio, Colombia conmemora el inicio del proceso de independencia del dominio español. Es una fecha que ocupa un lugar central en la memoria nacional y que invita a reflexionar sobre la construcción del país. Sin embargo, para los pueblos negros, afrocolombianos, raizales y palenqueros, esta conmemoración también plantea una pregunta necesaria: ¿independencia para quién?
La respuesta no busca desconocer la importancia histórica de aquel proceso iniciado en 1810, sino ampliar la mirada sobre una historia que durante mucho tiempo ha sido narrada desde una sola perspectiva. Mientras las élites criollas reclamaban autonomía política frente a la Corona española, miles de hombres, mujeres, niñas y niños africanos y afrodescendientes continuaban sometidos al sistema esclavista. La promesa de libertad que inspiró la independencia no alcanzó de manera inmediata a quienes habían sido despojados de su humanidad, de sus territorios y de sus derechos.
La historia de Colombia no puede comprenderse plenamente sin reconocer que los pueblos negros fueron protagonistas de las luchas por la libertad. Desde mucho antes de 1810, hombres y mujeres resistieron la esclavización mediante el cimarronaje, la creación de palenques, la defensa de sus comunidades y la construcción de formas propias de organización. Su lucha no comenzó con la independencia republicana; había iniciado desde el momento mismo en que enfrentaron el sistema colonial y afirmaron su derecho a vivir libres.
Durante las guerras de independencia, miles de personas afrodescendientes participaron en los ejércitos libertadores. En muchos casos, se les prometió la libertad a cambio de combatir. Su participación fue decisiva en diferentes batallas y procesos militares que hicieron posible el nacimiento de la República. Sin embargo, una vez alcanzada la independencia política, las condiciones de exclusión, racismo y desigualdad permanecieron para buena parte de la población negra.
La abolición legal de la esclavitud no llegaría sino hasta 1851, más de cuatro décadas después del grito de independencia. Incluso entonces, la libertad jurídica no significó el acceso pleno a la tierra, a la educación, a la participación política ni a condiciones dignas de vida. Las estructuras heredadas del colonialismo continuaron reproduciendo profundas desigualdades que aún hoy afectan a las comunidades negras en diferentes regiones del país.
Por eso, el 20 de julio también representa una oportunidad para preguntarnos qué significa realmente ser una nación independiente. La independencia no puede limitarse a un hecho político ocurrido hace más de dos siglos. Debe entenderse como un proceso permanente de construcción de justicia, igualdad y reconocimiento para todos los pueblos que conforman Colombia.
Desde los territorios colectivos, las comunidades negras han seguido construyendo esa independencia a través de la defensa de la vida, del cuidado de los bienes propios, de la protección de los ríos, bosques y mares, de la preservación de sus lenguas, músicas, espiritualidades y conocimientos ancestrales. La autonomía territorial, el gobierno propio y la organización comunitaria son expresiones vivas de una libertad que se ejerce todos los días.
La Constitución Política de 1991 y la Ley 70 de 1993 marcaron un avance importante al reconocer los derechos colectivos de las comunidades negras y su aporte fundamental a la construcción del país. Sin embargo, estos avances siguen enfrentando enormes desafíos. El despojo territorial, la violencia armada, el racismo estructural, la exclusión económica y las amenazas contra líderes y lideresas continúan limitando el ejercicio efectivo de esos derechos.
En este contexto, la independencia adquiere un significado más profundo. Se expresa en la posibilidad de decidir sobre el futuro de los territorios, de fortalecer la educación propia, de garantizar la participación política, de proteger la identidad cultural y de construir condiciones de vida dignas para los renacientes, en el presente y en el futuro.
Conmemorar el 20 de julio desde la perspectiva de los pueblos negros significa reconocer una historia de resistencia que ha sido fundamental para la construcción de Colombia. También implica cuestionar los relatos oficiales que invisibilizaron durante mucho tiempo las contribuciones de las comunidades afrodescendientes y abrir espacios para una memoria más amplia, diversa e incluyente.
Hoy, cuando el país continúa enfrentando profundas desigualdades, la verdadera independencia sigue siendo un horizonte colectivo. Es la posibilidad de construir una nación donde la libertad no dependa del color de la piel, del lugar donde se nace o del territorio que se habita; donde la diversidad sea reconocida como una riqueza y no como motivo de exclusión; donde la justicia social sea una realidad y no una promesa pendiente.
Desde el Proceso de Comunidades Negras (PCN), reafirmamos que la independencia se construye todos los días mediante la defensa de la vida, el territorio, la autonomía y los derechos colectivos. Honramos la memoria de quienes resistieron la esclavización, de quienes hicieron posible la libertad y de quienes hoy continúan caminando por una Colombia más justa, democrática y plural.
Porque la independencia no es únicamente un acontecimiento del pasado. Es una tarea del presente y una responsabilidad con el futuro. Mientras existan el racismo, la exclusión y las desigualdades históricas, seguirá siendo necesario trabajar por una libertad plena, donde todos los pueblos puedan vivir con dignidad, ejercer sus derechos y aportar, desde sus saberes, culturas y formas propias de organización, a la construcción de un país verdaderamente libre.




