Cada 23 de abril, la narrativa oficial se centra en la hegemonía de la letra escrita y la figura de Cervantes. Sin embargo, desde una perspectiva afrocentrada, esta fecha exige reconocer que el idioma impuesto fue la primera herramienta de domesticación colonial. Frente a la supremacía del texto, surge la oralitura como un concepto fundamental que trasciende la simple oralidad. La oralitura no es literatura hablada, sino la presencia total de la vida, la memoria y el espíritu en la palabra viva.
En las plantaciones y colonias, el idioma del amo fue un espacio de conflicto permanente. Las personas africanas esclavizadas no se limitaron a aprender una lengua ajena, sino que la «hackearon» desde su raíz. Insuflaron en el castellano una fuerza vital donde la palabra no solo informa, sino que crea realidad, sana y genera acción. Lo que la academia colonial despreció como un «habla defectuosa» fue, en realidad, la primera trinchera de resistencia política. Al modificar la sintaxis y la fonética, el pueblo negro aseguró la pervivencia de su cosmovisión y creó códigos de comunicación indescifrables para el opresor.
La oralitura permite que la historia y los saberes no dependan de los archivos escritos por quienes ejercieron la violencia. En Colombia, lenguas como el palenquero y las variantes dialectales de las comunidades negras son testimonios de esta victoria lingüística. Estos sistemas complejos de conocimiento defienden el territorio desde la voz. Celebrar el idioma hoy implica entender que la verdadera riqueza no reside en la norma impuesta por una academia, sino en la capacidad de los pueblos para subvertir el canon y convertir el habla en un canto de libertad y autonomía.
Aquí les dejamos por cortesía del banco de la república el libro «Cantos Populares de Mi Tierra» de Candelario Obseo
https://www.icbf.gov.co/sites/default/files/lemc-29-cantos-populares-de-mi-tierra.pdf





