En el noreste de Kenia, la sequía ya no es un evento puntual sino una condición que se repite y que erosiona la vida cotidiana de comunidades ganaderas que dependen de la lluvia, el pasto y el agua para sostenerse. Hoy, más de dos millones de personas enfrentan hambre en distintas zonas del país, con afectaciones especialmente fuertes en territorios cercanos a la frontera con Somalia.
Las imágenes de animales demacrados y rebaños en pérdida no solo son una señal de crisis económica local. Son un aviso temprano de inseguridad alimentaria, porque en estas comunidades el ganado es alimento, ingreso, ahorro y movilidad. Cuando el animal cae, cae también la posibilidad de comprar comida, pagar transporte, sostener a la familia o resistir otro mes sin lluvias. 

Cuatro temporadas húmedas sin lluvias suficientes
En el Cuerno de África se han acumulado cuatro temporadas húmedas consecutivas sin lluvias significativas. A esto se suma que la temporada de octubre a diciembre fue de las más secas registradas y, en partes del este de Kenia, se reportaron niveles de sequedad no vistos desde 1981. 
En Kenia, alrededor de 10 condados atraviesan condiciones de sequía. Mandera, en el extremo noreste, llegó a una clasificación de alarma por escasez crítica de agua, con muerte de ganado y deterioro visible en niñas y niños. 
La crisis no se queda en un solo país. Reportes citados en el mismo cubrimiento advierten que patrones similares y la escasez de agua afectan también a Somalia, Tanzania y Uganda. 

En Somalia, organizaciones humanitarias han descrito una escasez severa de alimentos y desplazamientos forzados. Más de tres millones de personas han dejado sus hogares y, en lugares como Baidoa, se reporta que una gran parte de la población desplazada sobrevive con una comida o menos al día, con señales visibles de desnutrición en la niñez. 
Expertos citados en el reportaje de AP noticias vinculan lo que ocurre con el cambio climático y con cambios en el océano Índico, que se ha calentado y ha influido en eventos extremos, mientras las sequías se vuelven más largas e intensas.
La desigualdad climática también aparece en los datos: África aporta una fracción pequeña de las emisiones globales, pero enfrenta una exposición desproporcionada a impactos como sequías prolongadas, pérdida de cosechas y crisis de agua. 



