Las calles de Colombia vuelven a ser el escenario de exigencia popular este Primero de Mayo. La movilización ciudadana se consolida como el mecanismo político indispensable para exigir la implementación de las reformas sociales estructurales que el país reclama en materia de salud trabajo y pensiones. Sin embargo este llamado a la protesta social debe analizarse bajo una mirada crítica al revisar la historia de la movilización en Colombia es innegable el papel que ha jugado el pueblo negro como motor de las transformaciones incluso frente al constante incumplimiento estatal.
Tal como lo evidencia la historia reciente de los paros cívicos en el departamento del Chocó en el distrito de Buenaventura y la activa participación en la Cumbre Agraria Campesina Étnica y Popular las comunidades negras siempre han estado en la vanguardia de la movilización. Han puesto el cuerpo la resistencia y la exigencia política en las calles para demandar justicia social no solo para sus territorios sino para toda la nación. La lucha afrocolombiana trasciende el ámbito estrictamente cultural y se instala como una fuerza sociopolítica indispensable para la construcción de un país equitativo.

Foto: senado.gov.co
Aquí radica la principal crítica a pesar de liderar históricamente las protestas ciudadanas y de aportar decisivamente a los proyectos de cambio el pueblo negro sigue enfrentando una realidad de exclusión empobrecimiento y crisis estructural. Salimos siempre a marchar somos la primera línea de la resistencia democrática y sin embargo la institucionalidad nos sigue incumpliendo. Las promesas de transformación suelen diluirse cuando se trata de garantizar los derechos y la dignidad de las poblaciones afrodescendientes.
Por esto la movilización de este Primero de Mayo debe ir más allá de las demandas generales. La implementación de las reformas sociales tiene que saldar la deuda histórica con quienes siempre han estado a la vanguardia de las luchas sociales. Marchamos para exigir que el cambio estructural llegue finalmente a nuestros territorios y que la voz del pueblo negro históricamente silenciada e ignorada en los procesos políticos asuma un rol central en las políticas de Estado.




