Un tribunal de Bruselas ordenó este 17 de marzo de 2026 que el exdiplomático belga Etienne Davignon, de 93 años, enfrente un juicio penal por su participación en el asesinato de Patrice Lumumba. Tardó 65 años. El hombre que ordenaron asesinar tenía 35 cuando murió. El hombre que irá a juicio tiene 93 y es el único sobreviviente de los diez acusados por la familia Lumumba como cómplices del crimen.
Patrice Lumumba fue el primer ministro del Congo Belga tras su independencia el 24 de junio de 1960. Su gobierno duró tres meses. Fue derrocado, secuestrado, torturado y ejecutado el 16 de enero de 1961 en la región de Katanga por un grupo secesionista armado y financiado por Bélgica. Su cuerpo fue disuelto en ácido para que no quedara rastro. Durante décadas, eso fue suficiente.
Lo que no pudieron borrar fue su nombre. Lumumba se convirtió en símbolo del anticolonialismo africano, de la posibilidad de un Congo soberano y de lo que el imperialismo europeo estaba dispuesto a hacer para impedirlo. La CIA también tuvo papel en el complot. Ningún funcionario estadounidense ha sido juzgado.
En 2002, el parlamento belga reconoció la “responsabilidad moral” del Estado en su muerte. En 2022, el entonces primer ministro Alexander De Croo ofreció disculpas durante la repatriación de los únicos restos conocidos de Lumumba, un diente con cápsula de oro que había estado en poder de la familia de un oficial belga involucrado en la desaparición del cuerpo. Las disculpas llegaron sin consecuencias judiciales. Hasta ahora.
La familia de Lumumba presentó la denuncia formal en 2011. Durante quince años enfrentó la incredulidad institucional. El abogado Christophe Marchand reconoció que nadie creyó que Bélgica fuera capaz de investigar seriamente sus propios crímenes coloniales. La nieta Yema Lumumba fue precisa tras conocer el fallo: la familia no busca un símbolo, busca establecer responsabilidades concretas.
Davignon es acusado de crímenes de guerra por haber participado en la detención y traslado ilegal de Lumumba, haberle negado el derecho a un juicio justo y haberlo sometido a tratos humillantes y degradantes. También se le vincula con el asesinato de sus aliados políticos Maurice Mpolo y Joseph Okito.
Lo que está en juicio no es solo un hombre de 93 años. Es la pregunta que el colonialismo europeo ha logrado postergar durante más de medio siglo: ¿quién responde por los líderes africanos, caribeños y del Pacífico asesinados para garantizar que la independencia no fuera real?




