EDITORIAL
Para el 27 de abril la Federación Minera del Chocó, –organización que aglutina a la Cooperativa de Mineros del San Juan, la Asociación de Mineros del Chocó, y la Asociación de Mineros de Nóvita–, ha programado una marcha pacífica con el objetivo de defender el derecho al trabajo y de protestar por los operativos de incautación de equipos, la judicialización de los trabajadores mineros y su estigmatización como miembros de grupos armados ilegales.
Según datos oficiales del Sistema de Información Minero Colombiano, Simco, del nivel máximo histórico de 53,6 toneladas de oro que produjo Colombia en el 2010, los mineros chocoanos aportaron 24,5 toneladas de oro, es decir, el 46 por ciento, constituyéndose el Chocó por primera vez en el departamento mayor productor de este metal precioso.
Esas 24,5 toneladas de oro fueron extraídas en un arduo e incesante trabajo por pequeños mineros, desde los barequeros que solo tienen batea y almocafre, hasta quienes poseen pequeñas motobombas, draguetas o retroexcavadoras, sin asistencia técnica, ni financiera, ni apoyo alguno del Estado, arrostrando peligros y dificultades inenarrables en las áreas rurales. Ni un solo tomín de esas 24,5 toneladas de oro fue producida por monopolios mineros.
La maravillosa riqueza aurífera y platinífera del Chocó, que ha obnubilado a muchos desde hace cinco siglos y que ha conllevado esclavitud, guerras y muerte, se encuentra ahora en la mira de grandes trasnacionales. Así como el olor de la sangre es detectado por los buitres a grandes distancias, varias trasnacionales mineras estudian y analizan en detalle el territorio, los ríos y el subsuelo chocoano, recopilan y actualizan estudios geológicos, se apropian de decenas de títulos mineros en las sombras de las oficinas de los altos funcionarios de Bogotá y especulan con ellos en las bolsas de valores.
La Anglo Gold Ashanti todavía no tiene una sola oficina en el Chocó, pero ha logrado de la noche a la mañana más de medio centenar de títulos mineros e ilegales derechos de explotación minera en doscientos mil hectáreas del Chocó, desde el Medio Atrato hasta el Medio San Juan. Sus funcionarios se sonríen en Bogotá al conocer que los miembros de la Cooperativa de Mineros del San Juan y de las Asociaciones de Mineros de Nóvita y del Chocó sufren la incautación de equipos, son judicializados y difamados como criminales. A este trote, la “locomotora minera” oficial en pocos meses aniquilará a los pequeños mineros y dejará los 48.000 kilómetros cuadrados del territorio chocoano “libres” de pequeños indeseables para iniciar la devastación y el saqueo en beneficio de multimillonarios del extranjero.
Según la política oficial, en el Chocó solo deben existir dos sectores mineros, excluyentes y alejados: el de las trasnacionales, con maquinaria y tecnología de punta, y el de los barequeros, con elementos de trabajo primitivos de madera. Organizaciones financiadas por las trasnacionales idolatran la producción artesanal más atrasada y la maquillan como “oro verde”. Que los monopolios extranjeros utilicen la ciencia, la tecnología y los más innovadores equipos y maquinaria para engordar sus exorbitantes ganancias y que los chocoanos se pudran en vida esclavizados y trabajando con arcaicos instrumentos de trabajo.
Se trata de resucitar la ignominia que padeció el Chocó desde 1920 hasta 1980, cuando la tristemente célebre empresa norteamericana Chocó Pacífico saqueó a su antojo, dejando a los chocoanos solo la posibilidad de sacar unos tomines de metal a través del barequeo, pero muy lejos de sus áreas exclusivas.
Los barequeros de hoy están asociados con los pequeños mineros mecanizados, extrayendo material en determinado tiempo y lugar de los entables, y saben que con esa unión logran más gramos de metal. La pequeña minería mecanizada actual trabaja coordinada y mancomunadamente con los barequeros, los consejos comunitarios, los indígenas, los comerciantes y los campesinos, lo que no ocurrirá con las trasnacionales, que cierran los terrenos, impiden el ingreso de los mazamorreros, se abastecen en el mercado exterior y solo tratan con los altos heliotropos del gobierno nacional.
El aplastamiento de los pequeños mineros, actualmente distribuidos en unos 500 entables, arrebatará el alimento en forma directa a diez mil familias chocoanas y de manera indirecta a decenas de miles más. ¿A qué niveles de desempleo se llegará en el Chocó, si hoy, aún con el importante aporte de la pequeña minería, sufrimos los mayores índices de desocupados de Colombia?.
Según datos oficiales del Sistema de Información Minero Colombiano, Simco, del nivel máximo histórico de 53,6 toneladas de oro que produjo Colombia en el 2010, los mineros chocoanos aportaron 24,5 toneladas de oro, es decir, el 46 por ciento, constituyéndose el Chocó por primera vez en el departamento mayor productor de este metal precioso.
Esas 24,5 toneladas de oro fueron extraídas en un arduo e incesante trabajo por pequeños mineros, desde los barequeros que solo tienen batea y almocafre, hasta quienes poseen pequeñas motobombas, draguetas o retroexcavadoras, sin asistencia técnica, ni financiera, ni apoyo alguno del Estado, arrostrando peligros y dificultades inenarrables en las áreas rurales. Ni un solo tomín de esas 24,5 toneladas de oro fue producida por monopolios mineros.
La maravillosa riqueza aurífera y platinífera del Chocó, que ha obnubilado a muchos desde hace cinco siglos y que ha conllevado esclavitud, guerras y muerte, se encuentra ahora en la mira de grandes trasnacionales. Así como el olor de la sangre es detectado por los buitres a grandes distancias, varias trasnacionales mineras estudian y analizan en detalle el territorio, los ríos y el subsuelo chocoano, recopilan y actualizan estudios geológicos, se apropian de decenas de títulos mineros en las sombras de las oficinas de los altos funcionarios de Bogotá y especulan con ellos en las bolsas de valores.
La Anglo Gold Ashanti todavía no tiene una sola oficina en el Chocó, pero ha logrado de la noche a la mañana más de medio centenar de títulos mineros e ilegales derechos de explotación minera en doscientos mil hectáreas del Chocó, desde el Medio Atrato hasta el Medio San Juan. Sus funcionarios se sonríen en Bogotá al conocer que los miembros de la Cooperativa de Mineros del San Juan y de las Asociaciones de Mineros de Nóvita y del Chocó sufren la incautación de equipos, son judicializados y difamados como criminales. A este trote, la “locomotora minera” oficial en pocos meses aniquilará a los pequeños mineros y dejará los 48.000 kilómetros cuadrados del territorio chocoano “libres” de pequeños indeseables para iniciar la devastación y el saqueo en beneficio de multimillonarios del extranjero.
Según la política oficial, en el Chocó solo deben existir dos sectores mineros, excluyentes y alejados: el de las trasnacionales, con maquinaria y tecnología de punta, y el de los barequeros, con elementos de trabajo primitivos de madera. Organizaciones financiadas por las trasnacionales idolatran la producción artesanal más atrasada y la maquillan como “oro verde”. Que los monopolios extranjeros utilicen la ciencia, la tecnología y los más innovadores equipos y maquinaria para engordar sus exorbitantes ganancias y que los chocoanos se pudran en vida esclavizados y trabajando con arcaicos instrumentos de trabajo.
Se trata de resucitar la ignominia que padeció el Chocó desde 1920 hasta 1980, cuando la tristemente célebre empresa norteamericana Chocó Pacífico saqueó a su antojo, dejando a los chocoanos solo la posibilidad de sacar unos tomines de metal a través del barequeo, pero muy lejos de sus áreas exclusivas.
Los barequeros de hoy están asociados con los pequeños mineros mecanizados, extrayendo material en determinado tiempo y lugar de los entables, y saben que con esa unión logran más gramos de metal. La pequeña minería mecanizada actual trabaja coordinada y mancomunadamente con los barequeros, los consejos comunitarios, los indígenas, los comerciantes y los campesinos, lo que no ocurrirá con las trasnacionales, que cierran los terrenos, impiden el ingreso de los mazamorreros, se abastecen en el mercado exterior y solo tratan con los altos heliotropos del gobierno nacional.
El aplastamiento de los pequeños mineros, actualmente distribuidos en unos 500 entables, arrebatará el alimento en forma directa a diez mil familias chocoanas y de manera indirecta a decenas de miles más. ¿A qué niveles de desempleo se llegará en el Chocó, si hoy, aún con el importante aporte de la pequeña minería, sufrimos los mayores índices de desocupados de Colombia?.
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