Carta a Alvaro Uribe Velez

Señor
PRESIDENTE REPÚBLICA DE COLOMBIA
DR. ÁLVARO URIBE VÉLEZ
RESPETUOSO SALUDO:
 
En mi calidad de miembro de Colombianos Por la Paz , no puedo aceptar bajo ningún punto de vista sus  palabras en el Consejo Comunitario del día sábado en Villavicencio, cuando dijo que hay un “Bloque intelectual de las Farc, que no se atreve a defenderlas de frente, sino que lo hace hablando de paz”.
 
Estas palabras han podido  dejar un manto de dudas sobre a quienes se refería usted, pero las contundentes declaraciones en entrevista de su consejero  José Obdulio Gaviria para el País de Cali, sindican de manera directa: “Cuatro días de ausencia del presidente Uribe en Europa –la semana pasada – nos dejan vislumbrar cómo serían cuatro años sin su liderazgo. En cuatro días volvimos a vivir como si estuviéramos en las épocas del Caguán: los medios de comunicación totalmente tomados por las Farc y sus animadores y publicistas; el país asombrado con el picnic de periodistas ‘pro solución negociada’, y guerrilleros en plan de paseo con rehenes esclavizados durante años que fueron utilizados también como medios de propaganda…. Esos personajes que fueron a acompañar a Piedad (Córdoba) – a recibir a los secuestrados –. Son gente con puntos de vista muy favorables a las Farc en sus libros, en sus escritos y en sus documentos”.
 
Parece que estamos condenados a  la muerte política que usted desea para el naciente movimiento Colombianos por la Paz. ¿Qué se pretende con acusarnos de ser miembros de un grupo armado?. ¿Judicializarnos o matarnos como es la orden para acabar terroristas?. Su discurso de poder engendra culpa y por tanto culpabilidad de quienes lo recibimos en medio de un terror mediático inquisidor, movido por los hilos ocultos de las licitaciones y los negocios con el gobierno. Sus palabras están creando la matriz de opinión para que se produzca por parte de los gatillos ligeros para-estatales o “falsos positivos” luctuosos hechos. Sus palabras generan una representación social y política perversa, macartysta de las personas o movimientos que adelantamos gestiones por la paz del país.
 
 
Pero que contradictorio es usted, por un lado propone a los guerrilleros que se desmovilicen  para que se conviertan en gestores de paz y a los gestores de paz los considera guerrilleros o al servicio de estos.
 
Señor Presidente. Usted y su gobierno con sus declaraciones nos reafirman que  son amantes platónicos de una deidad que no han visto ni conocen, la libertad, como hábito de respetar el disentimiento de los otros, esta parece que  no cabe en la cabeza de ningún miembro de su gobierno ni de su partido de gobierno. El crítico, el contradictor y el disidente es enemigo; la prensa crítica, la  disidencia de opinión es guerra, hostilidad, que autoriza la represión y la muerte; eliminar la diferencia para que no cunda el ejemplo. El poder omnímodo del cesarismo o bonapartismo presidencialista que no admite oposición ni diferencias políticas o ideológicas, aún dentro de sus mismas filas. Solo reina el discurso monolítico dictado por el mercado y el de la oposición política amaestrada o un movimiento por la paz de salón.
 
Lo más sorprendente de sus palabras de intimidación y la de su consejero es que denotan que no vivimos en un Estado de derecho. Que se requiere no sólo la supresión de los mecanismos de representación y expresión de esta sociedad civil dentro de la estructura democrática negando todo tipo de libertades, sino que la exigencia es mayor, no basta un Estado autoritario, es preciso un Estado de terror. No bastan leyes especiales ni tribunales especiales, el control de la sociedad civil y de los movimientos sociales sólo es posible mediante el terror como método y práctica permanente, a su vez este terror tiene que tener suficiente fuerza disuasoria e incluso generar los mecanismos que su necesidad sea decreciente, y esta se adquiere mediante el señalamiento de pertenecer a la guerrilla, mediante la aniquilación física de sus opositores, la muerte política por la sobrexposición mediática del macartysmo sobre los movimientos de paz o derechos humanos y la destrucción de todo vestigio de organización democrática civil alterna al régimen político.
 
 
Indiscutiblemente existen dos formas de mirar y de tratar las salidas de este  país y de resolverse esta contienda armada. Colombianos por la paz pretendemos ser un factor determinante en la paralización del fuego, porque  uno de nuestros principios es el que asistía a la gran filósofa Ana Arendt: “El modo de resolver un conflicto armado es siempre el mismo: cese del fuego –armisticio, negociaciones de paz- y, con esperanza, tratado de paz” y porque nuestro deber como movimiento en medio de este conflicto armado que usted niega, es parar la guerra y traer la paz; pero establecida la paz, nuestro deber es traer la democracia avanzada económica y social, con redistribución de las riquezas de este país entre los más necesitados. La paz con justicia social.
 
Para que se abra un proceso de paz es preciso que  haya guerra. Pero el Estado colombiano ha tejido una red de silencios o de negaciones del conflicto armado.  Su gobierno no acepta que está en guerra, pero adelanta la guerra. Para su gobierno se trata de colombianos que sólo  cometen delitos comunes o actos terroristas, por tanto  la idea de una salida política negociada entre el Estado y la guerrilla es impensable, como la de un acuerdo humanitario como también asevera su consejero.
 
Su gobierno quiere acabar la guerra con la guerra y para llegar a la paz proponen la guerra, lo mismo hacen las FARC, que para llegar a la paz, proponen la guerra. Colombianos y  colombianas por la paz queremos llegar a la paz a través de la negociación política del conflicto social y armado que vivimos hace más de 50 años. Pero esta diferencia de miradas no le otorga a usted ni a su gobierno la facultad para tildarnos de “terroristas vestidos de civil”  o “El bloque intelectual desoriente con un discurso de paz que fortalezca al terrorismo”, como ha sido su lógica mediática constante durante sus dos gobiernos.
No acepto su macartysmo  que es un recurso ideológico de las élites, de descalificación y calumnia que, acompañando la política de seguridad nacional, siembra el temor y la confusión para facilitar el aislamiento y posterior aniquilamiento político y físico de una persona o de un movimiento político. Se basa en la propia impotencia de cualquier vertiente ideológica de los gobernantes para liquidar una idea o una acción democrática o revolucionaria.  (Lo han usado y lo usan el nazi-fascismo, los partidos políticos y el stalinismo en los procesos de Moscú).
 
Esta macartyzación es parte de una concepción más amplia que iluminó las dictaduras militares del cono sur, que se reflejó en la pulsión de asumir todo el control de la guerra contrainsurgente, de exterminar a los opositores armados y, “porque en una guerra no hay neutrales”, también a los opositores civiles y desarmados que son enemigos internos o como diría Jorge Rafael Videla en el golpe de estado de 1976: “Si es preciso, en la Argentina deberán morir todas las personas necesarias para lograr la seguridad del país”, o “La lucha que libramos no reconoce límites morales ni naturales, se realiza más allá del bien y del mal”.
 
La idea de democracia sigue siendo un valor no aceptado a fondo en el juego social y político de este país. Más del 50% de la población se encuentra excluida. Pero tenemos que reconocer que NO HAY MAS ALTERNATIVA QUE UNA PAZ, hay una monstruosa crisis moral, social y política, de representatividad, sin contar la gigantesca crisis económica estructural y de civilización  global que se nos vino en medio de una economía vulnerable y que golpeará los cimientos del establecimiento colombiano.
 
Y a propósito de la crisis económica considero que a sí como la máscara de la macroeconomía encubre no sólo la explicación de la economía de guerra con más de ocho billones de pesos destinados a ella, A sí también oculta el rostro de una atrocidad mayor que castiga a millones de seres humanos con la miseria planificada, de una economía empobrecedora de los ya pobres y empobrecimiento de las clases medias, la autonomía política se achica ante el voraz capital financiero que con ganancias de más de ocho billones el año anterior, dicta conmociones internas y emergencias sociales, que dicta guerras, quiebras, dictaduras democráticas y persecuciones políticas. Esta es la otra guerra social que hay que parar.
 
 
Los colombianos por la paz le hemos quebrado la inercial tendencia a la guerra, no queremos que las nuevas generaciones sean una generación trágica, condenada a la guerra, que hereda un país muy dividido entre partidos políticos, de un frente nacional excluyente y de 50 años de estado de sitio que se institucionalizó, de concentración de las riquezas,  de un mundo dividido en dos fracciones. Todo en blanco o negro, con opuestos brutales. La figura del adversario no aparece, aparece para los contendientes armados la figura del enemigo. Esa es la que hoy se nos aplica por parte suya a los gestores de la paz.
 
La democracia implica, entre otras cosas, un margen de negociación y ese es el que no se ha tenido para la labor de  colombianos por la paz, que no queremos ni panegiristas dogmáticos ni detractores apasionados o de mala fe, porque los unos y los otros se han equivocado y se equivocarán con nuestro movimiento.
 
Nuestra respuesta es una respuesta política, aunque es muy costoso en términos de vidas y sufrimiento. Estas reflexiones que hago llegar bajo mi absoluta responsabilidad personal como un luchador libertario, sin esperanza de ser escuchado, con la certeza de ser perseguido, pero fiel al compromiso democrático que asumí hace mucho como miembro iniciador de las dos primeras cartas de colombianos por la paz.
 
 
 
Cordialmente
Jimmy Viera Rivera
cc 14.876.336

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