Un nuevo estudio resalta los impactos de la industria de la caña de azúcar sobre los derechos humanos de las comunidades negras en Colombia

24 de junio: Los muy serios abusos a los derechos humanos y al medio ambiente provocados por la producción masiva de la caña de azúcar en Colombia se exponen en un nuevo informe publicado hoy.
El informe, recopilado por el Palenke Alto Cauca, el Proceso de Comunidades Negras (PCN) y el Forest Peoples Programme (FPP) presenta pruebas de los efectos negativos de las plantaciones de caña de azúcar sobre las comunidades afrodescendientes y sus territorios en la región de Cauca, en Colombia.
Las plantaciones de caña de azúcar a gran escala que cubren el valle del Cauca, denominadas por las comunidades afectadas como el «Monstruo Verde», han provocado la pérdida de tierras, daños a los recursos hídricos, problemas de salud, desplazamientos y violencia contra los propietarios negros titulares de los derechos tradicionales a la tierra en todo el norte del Cauca, dejando a muchas personas desplazadas y/o empobrecidas.
Pérdida de tierras y desplazamiento económico
El estudio destaca la profundidad de las consecuencias de la producción de la caña de azúcar. Las empresas no solo han robado las tierras a comunidades negras e indígenas, sino que han impedido que estos grupos mantengan un modo de vida autosuficiente, que es de hecho la forma como han sobrevivido durante siglos.
“Este cultivo de caña de azúcar ha cambiado el uso de la tierra de una manera brutal”, dijo una lideresa afrodescendiente citada en el informe.
“Antes se relacionaba la agricultura con otras actividades que se hacían en el territorio, y la gente era auto sostenible”,afirmó la lideresa.
Leidy Mina, una coautora del informe, dijo:
“Hoy podemos analizar que el monocultivo de caña de azúcar en los territorios ancestrales de nuestra comunidad solo ha servido para perpetuar la miseria, en el entendido que nuestros territorios subsistían del cacao de la finca tradicional entre otros cultivos y actividades nativas”.

“Nuestros ancestros eran los dueños de las tierras. Ahora nos encontramos rodeados de caña y con muy pocas fincas tradicionales. Asimismo, se ha visto la flora y la fauna afectada por los insumos químicos, la fumigación, la quema y la construcción de pozos profundos para regar la caña que finalmente terminan disminuyendo el nivel freático de los ríos”.
“Debido a todo esto, hoy nuestros jóvenes se han olvidado de la agricultura, pues su mano de obra queda empeñada en estas empresas azucareras”.
Los efectos adversos sobre la salud humana y el medioambiente que surgen de la fumigación con agroquímicos tóxicos, incluyendo el glifosato, también se destacan en este informe.
Un campesino local entrevistado para el estudio afirmó que “…con las plantaciones de caña de azúcar, los cultivos alimentarios tradicionales han ido desapareciendo. Se han dañado porque estas industrias de la caña de azúcar usan químicos que terminan perjudicando nuestros cultivos de frutas y alimentos.”
Violencia en las cadenas de suministro
La investigación documenta la violencia, los asesinatos y el acoso asociados con las cadenas de suministro del sector azucarero. Según datos recolectados por la Universidad Javeriana, un caso se relaciona con la empresa de refrescos más grande de Colombia, Postobón, y la empresa de medios de comunicación nacional RCN, ambas parte del influyente conglomerado Ardila Lülle, que han demostrado tener relaciones con los grupos paramilitares durante el conflicto armado, proporcionándoles apoyo y pagos mensuales a cambio de seguridad y protección. En otro caso, el sindicato colombiano Sinaltrainal también alega que una empresa embotelladora de Coca-Cola en Colombia brindó asistencia a paramilitares que asesinaron hasta 10 sindicalistas. En la actualidad, la población local todavía se siente temerosa de hablar en contra de la industria azucarera.
Luego de décadas de desplazamiento por parte de las plantaciones industriales de caña de azúcar, las comunidades se encuentran en situaciones de mayor pobreza, violencia y vulnerabilidad”, dijo Viviane Weitzner, asesora de política del Forest Peoples Programme y una coautora del estudio.
“Se les está quitando lentamente su autonomía, autosuficiencia e integridad cultural, en una situación similar al etnocidio”, dijo.
Amenazas a los defensores de la tierra y de los derechos humanos
El vínculo entre las empresas azucareras y los grupos paramilitares pone de manifiesto la preocupante realidad de que no hay libertad para denunciar estos asuntos sin temor a represalias violentas. Colombia es el país más peligroso del mundo para las personas defensoras de los derechos humanos, y el valle del Cauca es el «epicentro de los asesinatos» del país. Las comunidades o personas que exigen mejores derechos para los trabajadores o la restitución de las tierras que les pertenecen legalmente deben aceptar que sus acciones pueden tener consecuencias que pongan en peligro su vida. Una lideresa que participó en este estudio, que prefiere mantenerse anónima, afirma que: “Siempre se están recibiendo amenazas. Porque cuando uno quiere evidenciar este tipo de acciones que se están haciendo en los territorios, pues uno es visto como opositor al desarrollo. Porque el desarrollo de ellos es un desarrollo que devasta el territorio”.
Conducta empresarial irresponsable

Una revisión de las políticas de los ingenios azucareros y de las empresas de producción colombianas encuentra múltiples fallos corporativos a la hora de abordar las violaciones de derechos humanos pasadas y presentes ocasionadas por sus operaciones, o vinculadas a ellas. Entre las principales deficiencias se encuentra el carácter voluntario de los estándares de sostenibilidad de las empresas y la ausencia de verificación por parte de terceros independientes para garantizar su cumplimiento. Se encontró que los ingenios azucareros únicamente aplican los estándares de debida diligencia en materia de derechos humanos (DDDH) a la caña de azúcar que ellos mismos cultivan, y no a sus proveedores. Si se abordan las cuestiones de derechos humanos, se presta atención principalmente a las normas laborales sin dar la debida atención a los derechos sobre la tierra, el consentimiento libre, previo e informado, los derechos colectivos de las comunidades negras, el derecho a un medioambiente sano y los riesgos para las personas defensoras de derechos humanos. La debida diligencia efectiva para verificar la legalidad de la adquisición de tierras o la cantidad de tierras que reclaman los propietarios negros, indígenas o de otras comunidades es especialmente débil o inexistente.

El estudio, elaborado a partir de las perspectivas de las comunidades negras afectadas, establece una amplia lista de propuestas de reforma y justicia corporativa, entre las que se incluye la necesidad de mayores controles legales sobre las actividades de los actores de la industria y de la cadena de suministro.
“Si miramos todo este asunto de la industria de la caña de azúcar y sus impactos, podríamos decir que se le puso uniforme a los paisajes del valle geográfico”, dijo Yellen Aguila, coautor del informe y líder del movimiento negro en el Palenque.
“Le quitaron a la naturaleza su diversidad sin saber que haciendo eso, nos estaban quitando nuestras propias diversidades y mandando al carajo la sostenibilidad de nuestras vidas, de todas las vidas”, dijo.
“ Y todo eso, para poder producir y acumular más para unos cuantos a costa de todo y de todos”.

FINAL
Información adicional:
Las comunidades [en el Cauca] son despojadas de sus tierras y esparcidas en islas de pequeñas fincas rodeadas de caña de azúcar. Allí, es casi imposible para ellos cultivar plantas para mantenerse a sí mismos y a sus comunidades, ya que los productores de caña de azúcar desvían el suministro de agua para sus propios cultivos. Esto puede inundar o destruir tierras ancestrales, o dejar casi secas a las madres viejas (los ecosistemas subterráneos que han abastecido de agua a las comunidades tradicionales durante siglos). Las plantas de caña de azúcar también se rocían con pesticidas, que a su vez arruinan los cultivos culturales de las comunidades tradicionales.
Después de la abolición de la esclavitud en 1851, las comunidades negras lucharon ferozmente por los derechos a su tierra, pero ahora se les han arrebatado. Incapaces de mantenerse, se ven obligadas a trabajar como jornaleros bajos condiciones lamentables para las mismas empresas responsables de la desintegración de su modo de vida tradicional.
“Desde 1851, la población afrodescendiente pasó de la esclavitud a la servidumbre, con muy pocas excepciones”.

— Aurora Vergara Figueroa, Audiencia étnica, Conmemoración del Día Nacional de la Afrocolombianidad 2020, 21 de mayo de 2020
CONTACTO

Recuadro: Puntos de resumen

  1. Las empresas azucareras no están obligadas a seguir ninguna debida diligencia en materia de derechos humanos, e incluso cuando lo están no hay ningún organismo regulador de terceros que garantice su cumplimiento.
  2. Las prácticas de cumplimiento social que se llevan a cabo se centran únicamente en los derechos de los trabajadores y el trabajo infantil, y existe poca información sobre cómo adquieren sus tierras.version digital_monstruoverde_15_06_2021_interactivo_paginas-comprimido_compressed